Cuba II: Gastronomía y ocio.

Si, resulta increíble pero este año he vuelto a Cuba otra vez, esta vez en octubre, temporada baja en la isla, más calor, más mosquitos, pero el mismo encanto.

Así que, para completar el anterior post de Cuba, me veo en la obligación de volver a escribir y describir todo lo que he conocido en este último viaje. Sobretodo, como indica el titulo de este post, gastronomía y ocio.

Sabina dice en una canción que “al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver”, sin embargo esto no siempre es cierto… pues cada viaje es una experiencia totalmente distinta vayas una o mil veces. En este segundo viaje a Cuba descubrí mil lugares de la Habana que ni imaginaba, gracias a unos anfitriones de ensueño.

Empezaré por la Fábrica de Arte Cubano (FAC) (calle 26, esquina con calle 11, Vedado), una antigua fábrica de aceite rehabilitada como centro de ocio y cultural por el músico X-Alfonso, donde se mezclan exposiciones de fotografía, desfiles de moda, música en vivo y discoteca en general. Lo más alucinante de este lugar es la simbiosis tan perfecta que hay entre todas sus salas. La entrada son 2 CUC y te dan una especie de tarjetero donde apuntar tus consumiciones, de tal forma que al marchar abonas todo aquello que hayas tomado; eso sí, si pierdes la tarjeta tienes que abonar directamente 30 CUC (hayas tomado algo o no), solo abre de jueves a domingo. Al lado, justamente, está El Cocinero, un restaurante con una terraza increíble dónde poder cenar y tomar una copa antes de entrar a la FAC.

Pasear por la Habana Vieja es una delicia, siempre, y aunque recorras una y otra vez sus calles creo que nunca cansa, así que podéis aprovechar a reservar mesa en el paladar Doña Eutimia, al lado de la catedral (60-C, Callejón del Chorro), pasear por la Habana Vieja antes de comer, tomar algo en “El de enfrente” (O’Reilly), una puerta casi invisible que te lleva a una terraza alucinante donde disfrutar de un buen mojito de sandía antes de comer. Y llegada la hora de comer… lo más famoso de Doña Eutimia es la ropa vieja, riquísima, no os puedo engañar, pero de aquí tampoco os podéis ir sin probar la malanga, una delicia desconocida.

Porque está al lado del mercado de San José, que ya comenté en mi anterior post y dónde podéis aprovechar para comprar mil recuerdos, y porque se trata de un antiguo almacén de tabacos restaurado, es parada casi imprescindible la Fábrica de la Cerveza (Avda. del puerto), donde además podéis degustar litros de cerveza artesanal en el muelle de la bahía. Desde allí, podemos ir a tomar algo al El Patchanka (Calle Bernaza) dónde también podemos cenar algo, disfrutar de música en directo, y deleitarnos con las innumerables pintadas que adornan sus paredes (por supuesto, nosotros también dejamos nuestra huella). Cerquita de aquí tenemos dos sitios muy buenos para comer, cenar y disfrutar: El Chanchullero (e/ Bernaza y El Cristo, 457 A bajos Teniente Rey), y otro que a mí me gustó especialmente, Lamparilla (calle lamparilla, 361, al lado plaza El Cristo), de dónde tengo que recomendar encarecidamente El Cerdito Mamón, riquísimo, probablemente uno de los mejores recuerdos gastronómicos que me llevo de La Habana.

No muy lejos de aquí, tenemos un lugar que me impactó a la vez que me encantó, es el Bar Roma (Aguacate entre O’ Reilly y Progreso), edificio de viviendas al uso en cuya terraza están un DJ pinchando música de forma continua y desde donde poder disfrutar de una buena copa en pleno corazón de la Habana Vieja.

Aunque un poco alejado de la Habana Vieja, los lunes podéis disfrutar de un espectáculo de Drag-Queens en el cabaret Las Vegas (Infanta con calle 25). He de decir que el lugar parece un antro, pero que el espectáculo fué una auténtica pasada y merece la pena verlo.

Esta vez en Varadero estuvimos en el hotel Barceló Solymar, el cual dejó mucho que desear pero tenía algo que a mí, al menos, me pareció perfecto: su cercanía a las calles de Varadero. Paseando por las proximidades, siempre bajando hacia el pueblo de Varadero, existen numerosos locales donde tomar algo, comer, cenar, etc., como el Calle 62 o The Beatles (ambos en la avda. 1ª). Aquí se encuentra un lugar que también me encantó y con el que, creo, termino este post: La Comparsita (Avda. segunda), lugar de música en directo, para después poder disfrutar viendo bailar salsa cubana y, porque no, arrancarse a bailar un poco de salsa.

Al volver a Madrid, en el aeropuerto José Martí, me recomendaron un libro: “Evocación, mi vida al lado del Che”, escrito por Aleida March, mujer de Ernesto Che Guevara, que estoy leyendo actualmente y que no puedo más que recomendarlo. Intenté comprarlo allí pero no lo tenían en castellano, aunque más tarde lo compre desde España por internet.

Y poco más puedo contar! Me quedo con una frase que escuché en el Cabaret Las Vegas a una de las artistas y que, creo, es claramente la esencia de este país: Seamos o no seamos, tengamos o no tengamos, Cuba siempre será el país más feliz del mundo.

 

 

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DUBLIN

El pasado mes de septiembre hicimos un viaje relámpago a Dublín, una ciudad que me encanta y en la que he estado en alguna ocasión más. El fin de este viaje era visitar una ciudad que fuera fácil para ir con niños, pues las protagonistas de este viaje eran mis primas pequeñas, y Dublín fue la elegida por su historia, su lengua, su facilidad para pasear con niños y porque nos encanta. No os engañeis, es perfecta para ir con niños, pero también es perfecta para el disfrute de los mayores.

Entre esta y mis otras visitas he recorrido muchos lugares que os intentaré resumir en este post, aunque sin ninguna duda me dejaré lugares que nombrar y, sin la menor duda, Dublín es solo una muestra de lo que representa Irlanda, un país que terminaré recorriendo (o al menos ese es uno de mis sueños).

Los vuelos, con tiempo suficiente, no suelen ser muy caros con Ryanair y desde el aeropuerto hay una línea de bus directa a O’Connell Street: el 747, cuyo precio es de 7€/persona/trayecto (creo que si coges ida y vuelta sale algo más económico).

La primera vez que lo visité cogimos habitación en un B&B muy acogedor, también he estado en un hotelito cerca del río Liffey pero, sin duda, el mejor alojamiento lo encontré esta última vez, en un apartamento por Airbnb al lado del Half Penny Bridge, en Mellor Court. Este puente es famoso por ser el primer puente de Dublín que unía ambas partes de la ciudad, de tal manera que cada vez que se pasaba por él había que pagar medio penique de peaje, y de ahí su nombre.

Muy cerquita, y dónde para el bus del aeropuerto que comentaba más arriba, se encuentra O’Connell Street, una de las calles más famosas y emblemáticas de Dublín. En esta calle encontramos The Spire, una gran aguja de 120 m de altura y, creo recordar, el punto más alto de la ciudad; también se encuentra la estatua de Daniel O’Connell, líder nacionalista del siglo XIX que dió nombre a la calle; y, entre otros, también encontramos uno de mis edificios favoritos: el GPO (General Post Office), Oficina Central de Correos de Dublín, construida en 1818 y sede de los sublevados en la guerra tras la cual se proclamó la República de Irlanda. Si os gusta la historia, a mí hay una película que me encantó y que cuenta precisamente toda la historia de la sublevación de Irlanda y la consecución de la República Irlandesa, se llama Michael Collins.

Cerquita también, en Liffey Street Lower, tenemos un sitio de auténtica comida y desayuno irlandés que no os podéis perder: The Wollen Mills (42 Ormond Quay Lower). Y desde aquí podemos cruzar el Half Penny Bridge! Ahora, por suerte, sin pagar peaje.

Al cruzar el puente nos adentramos de lleno a la zona de bares más concurrida y famosa de Dublín: Temple Bar. En la misma, encontraréis el bar de dicho nombre y no, no es que el bar le dé el nombre a la calle, es simplemente que fué el más listo y adoptó el nombre de la calle. La calle, y la zona, le debe el nombre a Sir William Temple, que adquirió los terrenos donde se encuentra ahora este barrio de Dublín. En Temple Bar Square hay muchos pubs para tomar algo (en general en todo barrio), y quien dice algo dice una auténtica pinta de Guinness. Yo os voy a recomendar los lugares que recuerdo ahora mismo, y que son Bad Ass Cafe (9-11 Crown Alley, Temple Bar), Porterhouse (16-18 Parliament St, Temple Bar) donde además suele haber música en vivo, aunque en Irlanda esto también es habitual, y Bad Bobs (35-37 Essex St E). En esta calle, en Essex St., hay una historia que a mí me gusta mucho: Hay un hotel y en su puerta, en la calle, hace tiempo tocaba un grupo constantemente; tras muchas discusiones con el dueño del hotel, el vocalista del grupo le dijo “algún día, este hotel será mío” y… hoy día, hasta donde sé, es el hotel de Bono, vocalista de U2.

Creo que en Temple Bar sabes cuando entras pero no cuando sales, así que os invito a descubrirlo vosotros e irnos a otro de los lugares que a mí, personalmente, me encantan de Dublín: The Trinity College. Bajo mi punto de vista, uno de los campus universitarios con más encanto que he visitado, construido en sus comienzos como lugar exclusivo para los protestantes, alrededor del 1800 comenzó la admisión de alumnos católicos siendo, algunas de las personalidades que han estudiado en esta universidad, personajes célebres como Samuel Beckett y Oscar Wilde. Además, el edificio de la Antigua Biblioteca es el más antiguo de los que se conservan y su sala principal, conocida como “Long Room”, tiene más de 60 m de largo y es asombrosa a la mirada. En mi última visita entre y, bajo mi punto de vista, merece la pena su visita.

En mi visita anterior a esta ciudad, también visité Dublinia, un museo de la historia de Dublín que merece, y mucho, la pena visitar. Se encuentra unido mediante un arco a Christchurch Cathedral (Christchurch, St Michaels Hill, Merchants Quay) y nos lleva, desde la historia de los vikingos, hasta la vida medieval de Dublín, en un enclave que lo hace único. Es ideal para ir con niños, pues yo disfruté como una enana, y la entrada cuesta alrededor de 9,5€/adulto y 6,5€/niños.

Y, dependiendo del tiempo que vayamos, no puedo cerrar este post sin recomendaros una visita a St. Stephen’s Green, o incluso comeros un bocata en el parque si el tiempo acompaña; un paseo por Grafton Street, una de las calles con más música y encanto de la ciudad; y una visita, aunque sea desde fuera, a St. Patricks Cathedral.

Y si queremos volver a Dublín, acercaros a conocer a la emblemática Molly Malone (Suffolk St), cuya historia, que unos creen verdadera y otros no, dice que era descendiente de varias generaciones de vendedores ambulantes de pescado y marisco y recorría las calles empujando su carretilla y pregonando su mercancía hasta que, un día, cayó muerta en plena calle. En cualquier caso, existe una canción para ella y se ha convertido en casi un himno en Irlanda; además, según cuentan, si le tocas un pecho vuelves… yo, por si acaso, siempre le toco los dos!.

Me quedan sitios, muchos más sitios por ver, como por ejemplo la famosa Fábrica de Guinness, una de las familias con más influencia en esta ciudad y cuyo arpa veréis confundido y/o reflejado en miles de lugares. Aquí hay que recordar que el emblema de Dublín también es un arpa, pero no el mismo arpa….

Y por supuesto, mi última y, creo, más valiosa recomendación es que hagáis un Free Tour por la ciudad. Como en otras ciudades, yo hice un tour con Sandemans y me encantó, además que lo he hecho en 2 ocasiones distintas y con 2 guías distintos y en ambas me ha encantado y he conocido lugares nuevos, por lo que es totalmente recomendable. Este tour sale todos los días a las 11 a.m. y a las 2 p.m. desde el City Hall (2 Dame St), tiene una duración de unas 2 horas por las calles de Dublín y, además de pasar un rato más que agradable y conocer la historia de la ciudad, el precio es lo que cada uno considere dar.

Podría decir muchas más cosas de una ciudad no muy grande pero que, sin duda, alberga miles de historias y leyendas, así que solo puedo deciros que no dejéis de visitarla y que, como dice la canción, “In Dublin’s fair city, Where the girls are so pretty […]“.

GRANADA

Granada… tierra de conquistas, árabe, judía, cristiana… queridísima Granada.

He de admitir que llevo muchos años queriendo visitarla pero he tardado demasiado en ir, y una vez allí me he dado cuenta… ¡cómo he podido esperar tanto! Es majestuosa, la mires por donde la mires, tiene arte en cada esquina, en cada calle y en cada rincón.

Cuando fuí me alojé en la carretera cumbres verdes (La Zubia), en un hotel rural que se llama “El balcón de las Nieves“, a la ladera de Sierra Nevada y con unas vistas espectaculares sobre la ciudad y sobre la montaña. Es verdad que está a unos 15 km de Granada capital y eso puede hacer más complicada la visita pero, la verdad, merecía la pena.

Llegamos a la hora de comer, así que nos adentramos en sus callejuelas buscando un sitio que nos diera algo de comer a esas horas (era un poco tarde ya…) y encontramos un sitio muy chulo en la calle Laurel de San Matías que se llama Pura Vida, dónde comimos genial, unas hamburguesas riquísimas, con una presentación muy chula y muy original y un trato estupendo de su gente. Y desde allí nos subimos hacia el Mirador de San Nicolás que, aunque es un caminito, recomiendo subir dando un paseo por sus calles. Por ejemplo, nosotras subimos por calderería nueva y san gregorio, para bajar luego por la plaza del Aljibe Trillo hacia el Paseo de los Tristes, donde después de la caminata apetece tomarse una cervecita en cualquiera de las terrazas que hay.

En el Mirador de San Nicolás encontraréis una vista espectacular de La Alhambra, icono por excelencia de Granada, y la Mezquita mayor de Granada. Además, simplemente pasear por todo este barrio del Albaycin, independientemente de las calles que escojáis, es una maravilla.

Por supuesto, visita obligada es La Alhambra. Podéis comprar entradas por internet e incluso visitas guiadas y, os aconsejo, hacerlo con más o menos tiempo (yo lo cogí con un par de meses de antelación, más o menos). En mi caso contratamos una visita guiada de mano del Grupo Xplorer (https://www.mireservaonline.es) y debo decir que la visita, que comprendía un tour guiado por la Alhambra y el Generalife, me encantó, así como la guía que nos fue relatando todas las historias y anécdotas de tan maravilloso palacio. Al salir de la Alhambra hay otros dos rincones, más desconocidos, pero que resultan imprescindibles:

– El Hotel Alhambra Palace (Plaza Arquitecto García de Paredes); entrar y tomaros un café en su terraza, al menos un café… os aseguro que las vistas de la ciudad os dejarán boquiabiertos.

– El Carmen de los Mártires (tomando la calle Antequeruela alta desde la Alhambra), digno de visitar.

Para comer, nos fuimos por la calle Joaquín Costa y alrededores y he de decir que comimos genial en una terracita pero… no recuerdo su nombre. Aunque, no os apuréis, en esa zona hay un montón de sitios y si hay otra cosa que caracteriza a Granada es lo bien que se come.

Al lado, cruzando por la calle Almireceros, tenéis la Real Capilla de Granada, cripta y museo de los Reyes Católicos y dónde se encuentran los sepulcros reales junto al de Felipe el Hermoso y Juana I. La visita es interesante y recomendable de ver.

Y aquí me queda lo que, además del barrio del Albaycin, más me encantó, cautivó e hipnotizó, por sus tiendas, sus calles, su aspecto, porque te transporta y, por unos minutos, te sales de Granada y estas en un zoco árabe. Parte lo encuentras en las inmediaciones de la calle Almireceros, y otra parte está en la calle oficios, a la salida de la Real Capilla. Pasear, cotillear, entrar en las tienditas, no gastar demasiado… y acabar tomando algo en la Plaza de la Pescadería.

Estoy segura que se me olvidan mil cosas que contar, mil rincones que descubrir, pero si algo me dejó claro esta ciudad es que en Grandad hay que perderse… cada uno ha de crear su propia ruta, sus propias sensaciones.

Por si queréis dar una vuelta a la ciudad, una primera impresión y no cansaros mucho, en algunos puntos se puede tomar el Granada City Tour, un tren en el que recorrer los puntos más importantes de la ciudad (una parada la tiene en la Plaza Nueva, justo a la altura de la calle Cárcel Alta, y tiene el sistema “hop on, hop off”, por lo que podréis subir y bajar tantas veces como queráis).

Mientras pienso en volver, sólo me queda leer los Cuentos de la Alhambra, de Washington Irving, para que la imaginación me transporte a mil leyendas y aventuras en su impresionante palacio.

CUBA

Dicen que la isla de Cuba es auténtica y, ciertamente, no encuentro otra palabra mejor para definir este país. Su gente, la salsa, el son cubano, sus paisajes… todo hace de ella uno de los mejores sitios que he soñado visitar, que he visitado por fin y que, con toda certeza, volveré a visitar.

Tal vez por ignorancia, por falta de información, por desconocimiento, o simplemente por comodidad, contratamos todo con Gemma Quilez de Viajes Ecuador Cuenca, a quien doy las gracias en este blog por su atención, su paciencia en muchas ocasiones y tener todo perfectamente listo para nuestro viaje.

Elegimos un combinado La Habana – Varadero, básicamente por ser lo que mejor se ajustaba a nuestros bolsillos (del caribe probablemente sea el destino menos económico), y a pesar de quedarnos con muchas ganas de más, creo que la elección ha sido correcta. Así que sin más preámbulos y sin intención de aburrir, empezaré con algunos datos de ambos lugares.

La Habana

Al llegar al aeropuerto de José Martí, que creo es el único internacional, preparados para una cola bastante grande y caótica antes de pasar el control de aduanas. Esto desanima, y más tras las horas de viaje, pero ya hemos llegado… empieza la aventura! Nosotras nos alojamos en el hotel Habana Libre, en la zona de Vedado (calle 23 esquina con calle M), zona muy céntrica, cercana a La habana vieja y justo al lado de la famosa heladería Coppelia. Este hotel fue tomado por los revolucionarios de Castro en el 59, rebautizado como Habana Libre y, desde la planta 24 del mismo, ocupado por Fidel en los primeros meses de la revolución.

Entre el vuelo, el traslado desde el aeropuerto y el registro en el hotel ese primer día está un poco perdido, así que sólo quedaba cenar y descansar y, por casualidad, nos llevaron al paladar Santa Bárbara (calle M, esquina a calle linea y calle 17), un lugar pequeñito donde comimos de lujo en el porche al son de un grupo tocando salsa. La noche era buena y el lugar acompañaba.

Al salir, y esto lo veréis a menudo, nos ofrecían una visita turística al día siguiente de unas 2h por unos 25€/persona… no aceptéis ofertas así, hay mucha gente ofreciendo excursiones o visitas guiadas a la Habana Vieja y, os lo aseguro, el precio es mucho más asequible. Así fué como, al día siguiente, conocimos a Maikel, que nos llevó durante más de 5h por la habana en un chevrolet del 53, amarillo, contandonos todo y haciéndonos pasar un día maravilloso, y todo por 15€/persona. El teléfono de Maikel, por si os decidís a llamarle, es el 53599340 (reseñar que, con móvil español, cada llamada es un dineral).

Lo más cercano al hotel era la Plaza de la Revolución, famosa por el Ché Guevara pero que también alberga el memorial a José Martí y a Camilo Cienfuegos y su “vas bien, fidel“. Además, hoy es la sede del Gobierno y lugar de celebración de las grandes concentraciones. Cerquita tenemos la Universidad de la Habana, en concreto tengo en mi mente la facultad de Medicina, cuyos edificios podréis admirar incluso desde el coche. Por la parte de atrás de la plaza de la revolución tenemos la Necrópolis de Colón, el cementerio, dónde está la milagrosa: por lo visto, y por eso le llaman la milagrosa, Amelia Goyri y su bebé murieron al dar a luz, tiempo más tarde destaparon la tumba y, para sorpresa de los allí presentes, el cuerpo de Amelia estaba intacto y el bebé se encontraba en sus brazos siendo amamantado. Si vais a la necrópolis, y esto me lo dijeron allí, y vais a ver a la milagrosa, nunca le deis la espalda.

En la zona de las embajadas, Miramar, tenemos el Parque Gandhi y/o Parque Miramar, en el que sus enormes y maravillosos árboles se caracterizan porque sus raíces nacen de la copa al suelo, o eso cuentan los cubanos. La realidad es que, sean raíces o ramas, es una maravilla verlos. Dicen que James Cameron, director de Avatar, se inspiró en estos árboles y la maravillosa y frondosa naturaleza del Parque Forestal. Éste último, os aseguro, os alucinará.

Desde aquí partimos hacia la Habana Vieja, y allí… allí es otro color, empezando por la Catedral, maravillosa, el castillo de la Real Fuerza, la Plaza de Armas, la calle Mercaderes o la fantástica Plaza Vieja. Caminar, disfrutar y vivirlo, y después os propongo una última visita al mercado de San José, cercano a la cervecería antiguo almacen de la Madera y El Tabaco, en la Avenida del Puerto. Y caminar, disfrutar de una rica comida en alguno de sus paladares, subir a tomar un café a la terraza del hotel Ambos Mundos en el ascensor más antiguo en funcionamiento de la Habana, o tomaros una cervecita en cualquiera de los lugares de por allí. Recuerdo especialmente una terraza, con música en directo (claro…), donde se estaba especialmente bien.

Tras comer, o al día siguiente, es de obligada visita ir al Castillo de los tres reyes del Morro y la Fortaleza de la Cabaña. El Castillo de los tres santos reyes magos del Morro fue edificado para proteger la entrada al puerto de La Habana de piratas e invasores extranjeros y, hasta el asedio de los británicos, sobrevivió y cumplió su finalidad de proteger a su ciudad. De igual forma, la Fortaleza san Carlos de la Cabaña fue creada para cubrir un punto débil en las defensas de la ciudad y, tras ser asediada por los ingleses, el rey Carlos III construyó la actual fortaleza, fuerte colonial más grande del mundo. En esta zona, comimos en un paladar increíblemente bueno: Paladar el Cañonazo (calle arret de los cocos).

Por esta zona de La Habana vieja hay dos cosas típicas para que el turista se gaste el dinero: Tomar un mojito en la Bodeguita del Medio y un daikiri en El Floridita. Visitar ambos sitios, entrar, y si os apetece tomaros un mojito (5€) o un daikiri (6€), os aseguro que la bebida no es nada espectacular pero ambos lugares merecen una visita, un par de fotos y una bonita imagen grabada en nuestra retina.

Al siguiente día nosotras paseamos desde el hotel hasta la calle Hospital y San Lázaro, adentrándonos para conocer y descubrir el Callejón de Hamel. Para mí, y bajo mi punto de vista, visita totalmente obligada. Por supuesto, en la zona de Vedado también, caminar por el Malecón (podéis caminar el Malecón desde Vedado a la Habana Vieja), visitar el Hotel Nacional (Calle Obispo Esquina A S/N) y, porque no, podemos caminar por la calle Neptuno hasta el Paseo de Martí, también llamado por los cubanos Paseo del Prado, y dónde se encuentra el famoso Capitolio.

Por la noche, y para que tengáis referencias pues fue algo que nos costó un poquito descubrir, está la Fábrica de Arte Cubano, que sólo abre de jueves a domingo (una pena, porque no la pudimos visitar), la Casa de La Música (Miramar, Avda. 35 y calle 20) o El Espacios (calle 10 con Avda. 7, Miramar). Cerquita del hotel teníamos el Sarao’s Bar pero, sinceramente, no nos gustó nada después de pagar 5€ por entrar. Igualmente, informaros de quien toca en la Casa de la Música pues los turistas pagamos 15€ por entrar. Gracias a nuestra amiga Edisa, de lo mejor que me llevo de la Habana, nosotras íbamos bien informadas y aconsejadas.

Si os apetece algo más tranquilo, pero que creo merece la pena ver, de vez en cuando toca la orquesta más famosa y antigua de Cuba: El Buenavista Social Club. Es sólo música pero, sinceramente, creo que merece la pena.

Varadero

Aquí voy a ser muy breve. Nos alojamos en el hotel Paradisus Varadero, todo incluido, y entre el maravilloso grupo de animación y lo fantástico que era el hotel no necesitamos mucho más. Agradecer al Club Naútico una maravillosa experiencia buceando en el caribe, donde el tiempo pasaba más rápido de lo esperado. Y agradecer, como no puede ser de otro modo, al equipo de animación: Rey, Geordy, Denis, Jimmy y, como no, al más grande y mejor animador, Eddy, toda su atención, sus clases de salsa, esos torneos de Voley playa y, por supuesto, el mejor mojito que tomamos en Cuba y el secreto, que es lo más importante, para hacerlo así de bueno.

Me faltan mil ciudades, mil historias y mil sitios sin ver. Cuba es un pais para ir un mes, recorrerla entera y conocer a su gente, que son sin ninguna duda los mejores guías que encontraréis. No puedo irme tanto tiempo, pero al menos intentaré repetir y conocer todo aquello que pueda.

Auténtica Cuba, auténtica gente y maravilloso país.

MENORCA

Tal vez por la cantidad de veces que he escuchado hablar de sus playas cristalinas, o porque es una de las islas más vírgenes, o porque soy fan de las famosas “menorquinas” (cuyo nombre real es avarca), o simplemente porque me encanta el anuncio de Estrella Damm, grabado allí… tocaba ya darse un paseo por la maravillosa isla de Menorca.

Lo único que no estaba a mi favor era la temporada. Fuimos en febrero y allí, en invierno, la vida turística se paraliza, hasta tal punto que ni siquiera pudimos ir a una oficina de turismo. Pero como de cada experiencia hay que sacar algo positivo, hemos podido realizar (en 3 días) una primera toma de contacto. Imprescindible, por su puesto, un coche de alquiler para moverte por la isla a tu antojo.

Conclusión: Irremediablemente tendré que volver, y esta vez en la temporada buena!

Mahón

Me alojé en Mahón, capital de la isla, en el hotel Catalonia Mirador des Port. Es lo mejor que Booking me ofreció, la verdad es que no estaba mal para estar todo el día de excursión: baño limpio, cama cómoda y buen desayuno. Lo mejor es que está en el puerto de Mahón, la zona más céntrica y turística, por lo que en un paso podéis visitar lo más bonito de esta ciudad. Os llamará la atención, sin duda, sus numerosas callejuelas y miradores al puerto desde la muralla, aún muy conservada, que protegía el pueblo de los distintos ataques piratas. Durante el siglo XVIII fue colonia británica y, en cada calle, casa y rincón, perdura ese aire colonial británico. Aunque yo no tuve ocasión de visitarlo, pues en febrero el mar está en su peor momento y no hay barcos disponibles, todos me aconsejaban visitar la Fortaleza de La Mola o Lazareto mediante un pequeño crucero que sale desde el puerto.

Además, esta zona es la más animada. Como recomendación os daré algunos lugares dónde comer o cenar a precios más o menos normales y muy bien:

  • Plaza del Bastión: Aquí hay varios restaurantes que sacan sus terrazas y podemos disfrutar de unas cañas, unas tapas y un buen rato al solecito. Uno de estos restaurantes es La Murada, de dónde tengo que destacar la sepia a la menorquina, riquísima (10-15€/persona).
  • Restaurante Ses Forquilles: En la Calle Rovellada de Dalt, número 20, se encuentra este restaurante de estilo moderno y acogedor, donde todo lo que probé estaba delicioso, desde la ensalada de tomate con queso de mahón, las brochetas de solomillo o el increíble coulant de avellana casero y singularmente delicioso (25€/persona).
  • Plaza Conquesta: Esta plaza, como tal, alberga un par de lugares y una majestuosidad que os encantará nada más verla. De estos lugares, tengo que destacar el Bar A Vins, dónde tuve el placer de probar un riquísimo vino blanco de la tierra y cuya comida estaba muy buena. El local y su decoración es como una galería de arte y sólo estar allí ya merece la pena (20€/persona).

Cala en Porter

A unos minutos de Mahón podemos encontrar la Cala en Porter, una más de las maravillosas calas que encontramos en esta isla. Es prácticamente rocosa en su totalidad, por lo que parece como que los acantilados la protegen constantemente, sino fuera porque destacan en ella, también, la cantidad de casas que los decoran.

En ella encontramos la Cova D’en Xoroi, dónde no pudimos entrar porque hasta marzo no abrían pero cuyo lugar me ha recomendado el 100% de mis conocidos. Según me contaron, dice la leyenda que un pirata secuestró a una chica del pueblo y estuvo años con ella escondido en la cueva. Como salía a robar comida por las noches, los vecinos consiguieron descubrirle (al cabo de los años) y, según parece, ya habían formado una familia numerosa. Ante el acorralamiento, el pirata saltó desde uno de los ventanales de la cueva al mar. Ahora, es un bar – discoteca que conserva dichos ventanales y, aunque como decía no pude visitarlo por dentro, no me queda duda que será espectacular: La puesta de sol desde allí, sin duda, debe ser una maravilla.

Binibèquer Vell

Cerca de Mahón también y de Cala en Porter encontramos el pueblo de Binibèquer Vell. Se trata de un pueblo construido en 1972 simulando un poblado pescador, pero que realmente es un pueblo pesquero tal y como se puede ver en su puerto. Adentrarte en sus estrechisimos callejones y admirar sus casas blancas con madera natural es, sin duda, una auténtica delicia para los sentidos. Cuando estás dentro, en sus callejones, no es difícil imaginar vivir en ese lugar y pensar que estamos inmersos en un cuento. Esa es la auténtica definición: es un pueblo de cuento.

Ciutadella

Desde Mahón tenemos una carretera, la principal de la isla, que nos dirige directos a Ciutadella. En esta carretera nos encontraremos también con los municipios de Alaior, cuna del internacionalmente conocido, y riquísimo hasta para mí que no soy muy de quesos, queso menorquín; con Es Mercadal, al pie de la montaña de El Toro (en la carretera encontraréis un mirador dónde contemplarla), pico más alto de la isla con 358m y desde dónde sale la carretera a Fornells que alberga el faro de Cavalleria (Cap de Cavalleria); y el municipio de Ferreries, conocido por sus fábricas de calzado de elaboración artesanal.

Antes de llegar a Ciutadella nos desviamos hacia el faro de Punta Nati, construido en 1912 para evitar los numerosos naufragios y accidentes marítimos ocurridos en esa parte norte de la isla. Para llegar hay una carretera muy estrecha donde igual puedes encontrar ciclistas, peatones u otros coches, por lo que yo os recomiendo intentar aparcar en alguno de los aparcamientos que hay en las proximidades y continuar el camino andando (es poco trayecto y se hace con facilidad). El faro está en medio del Camí de Cavalls, sendero que rodea la isla y que se utilizaba para la defensa de toda la costa menorquina. Al llegar, tenemos el faro y unas edificaciones de piedra que llaman la atención: son navetas, como la naveta des Tudons, antiguas construcciones prehistóricas con fines funerarios y que, según se dice, constituyen el edificio más antiguo de las Islas Baleares.

Y por fin, llegamos a Ciutadella, o tal vez debería haberse llamado Ciutabella. Su nombre proviene del árabe como pequeña ciudad fortificada y, para mí, es la ciudad más bonita de la isla. Fué capital de la isla hasta la ocupación inglesa y, a día de hoy, tiene más habitantes que Mahón. En sus calles, se puede admirar también la arquitectura colonial británica y pasear por sus calles estrechas, sus plazas, sus pórticos, es maravilloso. Aquí voy a destacar la Plaça Nova, con mucho encanto y 3-4 sitios dónde poder tomar una caña o tapear. Entre estos sitios existe, en una callejuela que sale de la plaza (Carrer-Plaça de Sant Pere), el Hogar del Pollo, sitio que me recomendaron por su comida y que debe ser muy bueno pues había tanta gente que me fué imposible comer allí. En su lugar elegí el Café Es Pou, en la misma plaza, donde pude degustar una fantástica tabla de sobrasada y quesos de la tierra. Y, como no podía ser de otra forma, es obligado poder comer una ensaimada. La ensaimada menorquina es más gruesa y algo distinta que la mallorquina pero similar, yo paré y descubrí Herbera Bakery (Carrer de Maó, 28), una pastelería – tahona dónde puedes sentarte a comer uno de sus maravillosos dulces mientras degustas algunos de los numerosos tés e infusiones que tienen.

Desde aquí, y para finalizar con esta parte de la isla, podemos visitar Cala en Blanes, Cala Blanca y, un poco más al sur, Cala en Bosc.

Macarella y Macarelleta

Como no podía ser de otra forma, despido este blog con el que, hasta el momento, he bautizado como mi rincón favorito en esta isla: Las calas de Macarella y Macarelleta. Para acceder a ellas hay que andar por el Camí de Cavalls un trayecto de unos 3km aproximadamente, podemos continuar hasta la Cala en Turqueta, llamada así por el color turquesa de sus aguas, que supone unos 3 km más. Para comenzar, podemos dejar el coche en Cala Galdana, desde dónde sale el sendero hacia estas calas.

Tras pasear unos kilómetros por fincas privadas de ganado, bajo la vegetación de sus árboles, en compañía de las cabras y asomando, de vez en cuando, en sus miradores para contemplar los acantilados… de pronto vislumbramos dos calas, de aguas cristalina y arena fina y blanca, como dos hermanas (una la mayor, macarella, y la más pequeña, macarelleta) que nos esperan con los brazos abiertos a nuestra llegada. No sólo es maravillosa la sensación cuando las ves, sino que sentarte en la arena finísima que las caracteriza te lleva a un momento único. Evidentemente bañarse allí debe ser fantástico, pero el tiempo no me acompañaba.

Aconsejo llevar comida y agua, sobretodo si vais en invierno pues aunque regreseis a una hora decente a Cala Galdana, temo que no encontraréis ningún sitio para comer. Hay numerosos restaurantes pero, al menos en febrero, yo no encontré ninguno abierto. Eso sí, para no desanimaros si os encontráis este impedimento, coged el coche y regresar unos metros por la carretera hacia Ferreries y, en menos de 2 km encontraréis el Bar Restaurante la Cala. Aquí, aparte de un trato fantástico, pude degustar un menú completo con paella incluida por unos 18€/persona. Totalmente recomendable.

Poco más me queda de contaros de esta isla que a mí me ha enamorado, hasta el punto, de crear en ella mi rincón favorito.

Para los amantes de la naturaleza, para los amantes de los quesos, para los amantes de los caballos (numerosos por toda la isla) y para los amantes, en general, esta isla merece una visita.

Yo ya he hecho esa primera toma de contacto, espero recorrerla nuevamente, visitar sus calas en barco y disfrutar sus puestas de sol en sus maravillosos rincones.

FINLANDIA

Hace ya unos 6 años una amiga se fue de Erasmus a Finlandia y pensé que no había mejor momento para visitarla y conocer aquel maravilloso país. Algunos de vosotros pensaréis que de Erasmus no conocimos nada pero, profundamente, os equivocaréis.

Tuvimos tiempo de todo y pude descubrir una gente super amable, un país enorme y acogedor, un idioma dificilísimo y un montón de experiencias que siempre formarán parte de mi memoria. Aunque no recuerde todo, pues han pasado unos añitos, tal vez escribir años más tarde es fabuloso: sólo aquéllo que realmente nos ha marcado nos acompaña siempre en nuestros recuerdos.

TAMPERE

Mi amiga se alojaba en Tampere, ciudad universitaria por excelencia en Finlandia. Para llegar a Tampere no hay vuelos (bueno, desde Madrid al menos viajar a Finlandia es un poco odisea).

Desde España, si no recuerdo mal, sólo hay vuelos directos desde Madrid, Barcelona o Málaga a Helsinki, pero los directos suelen ser carísimos. Nosotras fuimos de Madrid a Helsinki haciendo escala en Amsterdam, luego desde Helsinki cogimos un autobús que nos llevaba hasta Tampere (hay varios buses y los precios oscilan entre los 4€ y los 20€, depende del bus y las paradas que hagan).

En Tampere lo más conocido son sus enormes lagos y la torre de Pyynikk, desde dónde la vista de los lagos y la ciudad es espectacular. Yo fui en marzo, época de deshielo (según me contaron) y, por tanto, son unas fechas en las que los lagos comienzan a dejar de ser transitables. Sin embargo, es alucinante imaginarnos los coches atravesándolos en pleno invierno y, más alucinante, vislumbrar desde la torre las marcas de neumáticos en los lagos.

Si visitáis la torre de Pyynikk no olvidéis tomaros un café y probar sus rosquillas, sello de identidad de esta cafetería y que, puedo asegurar, están buenísimas. También podéis optar por otro de los observatorios de la zona, como el acuario dentro del parque de atracciones o Näsinneula Observation Tower (Laiturikatu 1), justo al otro lado de la Torre de Pyynikk y desde dónde podemos ver, también, esta.

También podemos visitar la Catedral de Tampere (Tuomiokirkonkatu), que dicen es la catedral luterana más prestigiosa de la zona, y la zona de la Universidad (Kalevantie 4), llena siempre de vida y ambiente.

Y si hay algo que llamó más mi atención en esta ciudad fue el Parque de los guantes perdidos (4, Kuninkaankatu), que no sé si tendrá nombre en finés pero que se trata de una zona con distintos comercios pequeños (casitas) en un parque rodeado de una valla blanca en la cual, mires donde mires, verás guantes impares adornandola y decorando este parque.

Por supuesto, no podemos irnos de esta ciudad sin pasear por su calle principal, Hämeenkatu, llena de tiendas, bares y comercios de todo tipo.

TURKU

Turku es una ciudad al sur de Finlandia, a orillas del río Aura. Es fácil moverse en tren en este país y el tren de Tampere a Turku nos cuesta unos 20-30€ aproximadamente y tarda menos de 2h.

Es una ciudad medieval, donde se respira vida desde que llegas, aunque también es cierto que recuerdo un sol increíble que nos acompañó durante ese día.

Paseando por el río encontramos la catedral de Turku (Tuomiokirkonkatu 1), considerado el edificio religioso más importante de Finlandia y, algo que a mí me encantó, el Castillo de Turku (Linnankatu 80). Este castillo se construyó, aproximadamente, en 1280 y paseando por él, visita obligada os lo aseguro, entramos completamente en la edad media. La entrada recuerdo que rondaba los 10€.

Al salir del castillo, recuerdo que fuimos a comer a un puesto que había a la orilla del río (ya os he dicho que el tiempo acompañaba). Lo menciono porque hoy, años más tarde, os aseguro que fueron la hamburguesa con patatas más ricas que me he comido en mi vida: Hamburguesa con carne, piña, pepino, etc y patatas con algo así como pimentón o similar, increíblemente buenos. He buscado y rebuscado por internet para poder daros el sitio y, con ayuda del “street view” lo encontré: Martinsillan Grilli (Boren puisto, al lado de Linnankatu).

HELSINKI

Se nota que es la capital de Finlandia, por el bullicio, por las calles llenas de gente y por sus dimensiones. Llegar es fácil en tren desde Tampere, pues se tarda aproximadamente 1h y media y cuesta en torno a los 30€.

En Helsinki hay mil cosas que ver, yo destacaría cuatro que me llamaron la atención:

  1. La Catedral ortodoxa Uspenski (Kanavakatu 1), con una escalinata se encuentra a cierta altura de la ciudad y su interior es extremadamente recargado y curioso de ver. En mi opinión es una visita obligada.
  2. La Plaza del Senado (Hallituskatu, Senate square), centro monumental de Helsinki y que alberga algunos edificios tan importantes como el Senado, la Catedral luterana y la Universidad.
  3. La Plaza del Mercado (Eteläranta, market square), una plaza con puestos y mucha vida cercana al puerto de Helsinki. En esta plaza hay una fuente con focas rodeándola, no sé si habrá alguna leyenda o no pero intuimos que el tocar las focas daba buena suerte… y así lo hicimos!
  4. Isla de Suomenlinna, a la cual se puede llegar en Ferry desde Helsinki en poco tiempo y que presenta una de las fortalezas más increíbles que he visto nunca. Realmente, por su posición, fue un centro defensivo de extrema importancia entre Finlandia, Suecia y Rusia.

ROVANIEMI

Por supuesto, no puede faltar una visita a Rovaniemi y, más concretamente, a la casa de Santa Claus. Esta si que fué la visita estrella en mi viaje y, os lo aseguro, visita obligada.

Rovaniemi se encuentra al norte de Finlandia, en tren se tardan aproximadamente 7h y este billete cuesta cerca de los 80€. Al llegar a Rovaniemi, lo primero es ir a la oficina de turismo (Maakuntakatu 29-31) dónde nos pueden informar de los autobuses que nos llevan al poblado de Papa Noel (el trayecto es de aproximadamente 20 min en bus).

Aparte de encontrarnos en pleno Círculo Polar ártico, es como si nuevamente volvieramos a ser niños: entrar en la casa de Papa Noel, sentarte en sus rodillas, ver todo el maravilloso paisaje que lo rodea, los renos pastando alrededor… una estampa que te llena de ilusión como si no hubiese pasado el tiempo. Es muy turístico, lo admito, pero creo que realmente lo hacen muy bien y merece la pena la visita.

Y para finalizar con este viaje relámpago por Finlandia aconsejaros, por supuesto, probar sus “maravillosas” saunas! En general en este país abundan las saunas tanto que las mayoría de las casas tienen una, pero lo realmente sorprendente es poder disfrutar de alguna cercana a un lago en invierno o época de deshielo. A mí, personalmente, eso de asarme de calor en la sauna y salir a bañarme después a un lago helado… no lo llevé excesivamente bien, pero dicen los fineses que para la circulación es buenísimo! Eso sí, la experiencia hay que vivirla y experimentarlo. Nosotras fuimos a la sauna Kaupinoja (Kaupinpuistonkatu 2), en Tampere, pero hay más y muchas son públicas.

Para los fineses los Moomins son sus personajes favoritos, veréis un montón por muchas partes y os llamarán la atención estos graciosos hipopótamos blancos. El museo está en Tampere, son personajes de la literatura finlandesa creados por el más respetado escritor, artista y finlandés de habla sueca (Moomilaakso, Puutarhakatu 34).

Finalizaré esta entrada comentando que para decir hola es Moi y si os vais es Moi-Moi, no os olvidéis de dar las gracias con un kiitos y, para disculparnos, bastará con un anteksi. Un café con leche será kahvi kanssa maito y siempre podeis decir que en puhu suomea, o lo que es lo mismo, que no hablais fines. Pero tranquilos, en inglés os entenderéis bien e incluso, en muchas ocasiones, os entenderéis en español.

LA PALMA

La Palma, apodada como “la isla bonita” es, sin duda, la isla bonita.

En sus 700 km² de extensión podemos encontrar playas maravillosas, bosques increíbles, cataratas que aparecen de pronto ante nuestros ojos, el sonido del agua entre las montañas, grandes barrancos sin fin y altas cumbres rodeandolos, un mar de nubes frente al mar abierto, unas sensaciones únicas y casi todos los paisajes y estaciones que podamos imaginar.

En los días de estancia en la isla junto a la que, sin duda, es mi inseparable compañera de viajes, hemos descubierto una gran cantidad de contrastes, pero nos quedan muchos por descubrir. Os contaré, tan bien como sea capaz, aquello que he visto y que os dará pinceladas para descubrir esta isla pero os lo advierto… os sabrá a poco, pues esta pequeña y hermosa isla tiene mucho más que mostrar.

Día 1 – Santuario de la Virgen de las Nieves y Mirador de la Concepción

Nosotras nos alojamos en la playa de los Cancajos, al lado del aeropuerto y al lado de la capital, Santa Cruz de la Palma, lo cual lo convierte en una zona muy buena para emprender excursiones. Los Cancajos tiene unas playas increíbles, de arena volcánica y con una de las mejores reservas marinas. Zona tranquila con dos sitios a recomendar, el Típico II (para picoteo informal) y el restaurante Tiuna, que por lo visto ha estado allí desde antes que los hoteles.

Desde allí tomamos la LP-3 dirección Los Llanos hasta el cruce con la LP-202, la cual a la derecha nos lleva al Mirador de la Concepción, justo encima del Risco de la Concepción y desde dónde podemos admirar la zona este de la isla. Si tomamos dicha LP-202 hacia la izquierda vamos al Santuario de la Virgen de las Nieves, patrona de la isla, donde nos recibe una placita acogedora con dicho santuario, un restaurante parrilla y más vistas impresionantes de la isla.

Dia 2 – Zona norte de la isla

Tomando la LP-1 hacia los sauces nos encontramos, sin dejar esta carretera y nada más pasar el pueblo de La Galga, un aparcamiento y pequeño centro de información dónde comienza el sendero del Cubo de la Galga. Es un sendero fácil de realizar, de unos 11 km de bosque de laurisilva típica de la isla y donde, a medida que caminamos, escucharemos a través de las montañas el agua pasar sin verla, es como sentir que hay agua a nuestro alrededor pero no lo podemos tocar. Una sensación única, lo aseguro.

Si realizas la ruta completa os llevará aproximadamente la mañana entera; sin embargo, podéis realizar un tramo del sendero (hasta que consideréis) y volver al punto de información a recoger el coche para continuar hacia el norte.

Tomamos nuevamente la LP-1 dirección los sauces hacia los Tilos (veréis indicaciones). Al llegar al primer aparcamiento de los Tilos (o al siguiente incluso si no encontráis sitio) subir por la carretera hacia el centro de visitantes, y a la izquierda encontraréis un sendero pequeño con un pequeño canal de agua (a vuestra derecha, a esta altura, estará el Bar Don Demetrio). Por ese sendero atravesaréis dos pequeños túneles algo iluminados y al finalizar, en una hermosa explanada llena de laurisilva y helechos asomaros… y ante vosotros descubriréis una pequeña cascada que os dejará boquiabiertos!

Al salir, continuamos por la LP-1 hacia Puerto Espíndola o San Andrés y desde allí podemos ir al Charco Azul, conjunto de piscinas naturales al borde del mar donde poder disfrutar de un merecido baño. El charco azul está señalizado y os aseguro que os apetecerá ese rico baño. Después, os aconsejo ir a San Andrés. Es un pueblo muy pequeño pero en su plaza hay como 2 o 3 restaurantes para comer. Nosotras comimos en La Placita y tanto el lugar como el paisaje que lo rodea como la gente lo hacen especial.

Desde San Andrés podemos tomar la LP-1 nuevamente hacia Barlovento. Encontraremos la Fajana de Barlovento, conjunto también de piscinas naturales como el caso del charco azul pero, bajo mi humilde opinión, con distinto encanto. Si vamos hacia la Laguna dirección LP109 encontramos un restaurante a la derecha llamado La Pradera, yo no comí allí (aunque me lo recomendaron) pero tomé café y, por el agradable olor, os aseguro que se tiene que comer genial.

Ir a la Laguna, bajo mi punto de vista, es algo totalmente prescindible. Sin embargo, en dicha LP109 o carretera Las Mimbreras hay algo mucho más especial. Tomar dicha carretera hasta el primer mirador que encontréis (son unos 7 km), por el camino (es una carretera muy estrecha) encontraréis túneles excavados a mano que os dejarán boquiabiertos. El paisaje, en general, por esta carretera es espectacular.

Dia 3 – A la zona Oeste atravesando el pico más alto

Desde los cancajos tomamos la carretera LP-4 hacia El Roque de los Muchachos, punto más alto de la isla con 2.426 m de altura y centro astrológico por excelencia (dicen que, desde allí, se puede contemplar uno de los mejores cielos del mundo… el famoso cielo de la palma).  Es importante ir temprano puesto que el aparcamiento del roque no es muy grande y corréis el riesgo de no poder aparcar. Desde lo alto, podéis contemplar el llamado mar de nubes, maravilloso, e incluso si hace un día claro se ve, a lo lejos, el Teide. Esta, sin duda, es una visita totalmente obligada.

De vuelta, tomamos de nuevo la LP-4 hacia Puntagorda y Tijarafe (empalmando con la LP-1) y desde dicha LP-1 aparece el mirador El Time desde dónde se puede contemplar el Barranco de las Angustias, salida natural de la Caldera de Taburiente (reserva natural de la biosfera) por hacia el mar.

Continuamos nuestro camino con la paradita en el Time hacia Los llanos de Aridane, segunda ciudad en importancia en la isla y dónde os recomiendo parar (algunas de sus calles son de estacionamiento regulado) y acercaros a la plaza central, donde además de la iglesia y los laureles de india que la rodean (traídos desde Cuba en 1863, aproximadamente), encontramos un montón de callejuelas adyacentes y terracitas en la plaza para poder tomarnos un café (en la isla si pedimos un cortado nos preguntarán si con leche o condensada, ya que lo típico es tomarlo con leche condensada). Desde aquí continuamos y llegamos a Tazacorte. Antes de ir me contaron que la zona este de la isla era más fresca y la zona oeste más seca, de tal forma que podía estar nublado o lloviendo pero que en la zona oeste siempre hacía buen tiempo. Totalmente confirmado, haga el tiempo que haga cuando lleguéis a Tazacorte os apetecerá tomar un baño en la playa. Para ello debéis ir al puerto de Tazacorte (pero no el puerto… puerto, este lo dejaréis a mano izquierda de la carretera, sino a la zona así denominada que está continuando por la carretera). Aquí me recomendaron dos sitios para comer, el Playa Mont al inicio y el Kiosco Teneguía un poco más adelante, comí en el Teneguía un menú del día por 10€ con pescado del día buenísimo, por lo que totalmente recomendable. Además de la playa, os llamará la atención el sendero que baja la montaña desde El Time, la caldera al fondo y las casitas incrustadas en la montaña como si fueran parte de esta.

A la vuelta, por la LP-2, pasaremos por El Paso, único municipio sin mar pero con la peculiaridad que alberga dentro de su término municipal el parque natural de la caldera de taburiente, lo que hace que sea uno de los más grandes en extensión (y más fríos sin duda, como luego os contaré).

Día 4 – La Caldera de Taburiente y la zona sur de la isla

Tomando la LP-2 hacia El Paso encontraremos el centro de visitantes de la Caldera de Taburiente, reserva natural de la biosfera y punto clave del nacimiento de esta isla bonita. En el centro de visitantes hay que reservar aparcamiento para subir al Mirador de la Cumbrecita (os recomiendo reservar con tiempo, aunque podéis pasar y hacerlo desde allí, el mail de información es infcalde.cmayot@gobiernodecanarias.org). Una vez reservado, a pocos metros sale la carretera hacia el mirador y, llegando al aparcamiento del mismo, tenemos varias rutas que realizar a los distintos miradores que hay. Si no tenéis mucho tiempo, o como visita fugaz, os merece la pena acercaros al mirador de los Roques, desde donde podéis contemplar la Caldera de Taburiente a una altura de unos 1200m. Las vistas, el paisaje y el entorno os aseguro que es espectacular.

Como consejo, no os fieis del tiempo que haga en El Paso. Según nos comentaron, en ese pueblo siempre hace frio o mal tiempo pero, sin embargo, puede estar nublado y con viento en El Paso y una vez que llegamos a la cumbrecita encontrarnos un tiempo genial para contemplar todo el paisaje. No obstante, en el centro de visitantes os informaran siempre que lo deseeis del tiempo dentro del parque natural (la gente, en general, es encantadora y allí lo comprobaréis).

Desde aquí podemos continuar la LP-2 hacia Los Canarios y Fuencaliente, donde se encuentra la ruta de los volcanes. Existen dos volcanes que podemos visitar en coche: el volcán de San Antonio y el volcán del Teneguía (ambos señalizados). En el primero la entrada son 5€ y podéis pasear por el mismo cráter del volcán, siempre que no haga viento, aunque de esto os informarán en la caseta de entrada al mismo (por lo que la decisión será vuestra). El Teneguía se puede visitar según un sendero un tanto “empinado” que baja del San Antonio o llegando en coche al comienzo del camino (no hay zona de aparcamiento como tal pero si no hay mucha gente podréis aparcar a un lado). El camino del teneguía es liso y fácil, no es mucha la distancia a recorrer y podréis acercaros y rodear el volcán. Bajo mi punto de vista, y como amante de Lanzarote que me considero, en comparación con esta isla no os dirá mucho pero, sin embargo, merece la pena comprobarlo vosotros mismos. Para los más intrépidos, podéis realizar la ruta de senderismo denominada como tal (http://www.visitlapalma.es/rutas/ruta-de-los-volcanes/) de 31 km de recorrido.

Para terminar el día, bajaremos hacia El Faro y las Salinas (LP-207) y continuar, si el tiempo acompaña, hasta la playa de la Zamora Chica. El Faro y las salinas no os dirán mucho, y más con el resto de paisajes que ya habéis contemplado, pero dicen (a mí el tiempo no me acompañó) que la playa de la Zamora Chica está genial y que, si llevas pan o galletas, en cuestión de minutos estarás rodeado de peces.

Día 5 – Santa Cruz de la Palma

La capital de la isla es tan pequeña como acogedora, por lo que no podemos finalizar nuestro viaje sin visitarla.

Al llegar, os aconsejo aparcar a la entrada, en el muelle, y desde ahí tomar la Calle Real (la reconoceréis enseguida por estar empedrada). Esta calle es, sin duda, el centro de la ciudad, llena de tiendas y de ambiente (entre semana, eso sí, los fines de semana encontraréis mucha menos actividad). A lo largo de la misma nos encontramos la iglesia de El Salvador y el ayuntamiento, un poco más adelante el Castillo de Santa Catalina y, al finalizar la calle, el museo naval identificado por la carabela de Santa María.

Al volver, tomemos el paseo marítimo donde podremos contemplar los balcones típicos de la isla.

Y aquí habrá acabado este primer recorrido! Sin duda, os quedarán ganas de más, de adentraros en todos los senderos que recorren la isla y poder descubrir las mil maravillas que esconde. Como consejo os diré que es una isla muy alta en comparación con su extensión, por lo que encontraréis carreteras estrechas y empinadas… para evitarlo, nada mejor que ir sólo por aquéllas principales. Cualquier información que deseéis de la isla, la web está genial y os da todo tipo de detalles de las rutas de senderos que existen (http://www.visitlapalma.es/).

Agradecer a Paco todas sus indicaciones, pues esta entrada del blog es sólo un apunte personal a todo lo que él me ha recomendado a diario.

Para finalizar, os diré que encontraréis casas de todos los colores que imagineis, dando a la isla siempre un toque alegre y un encanto único.

Bonita dicen… bonita se queda corto.

VENECIA – BOLONIA – FLORENCIA

La bella Italia… ese país que albergó uno de los mayores imperios del mundo; cuna de grandes artistas como Da Vinci o Miguel Ángel, arte que se respira en muchas de sus ciudades; país que alberga la universidad más antigua del mundo occidental, como es la universidad de Bolonia; y, como no puede ser de otra forma, dónde nació la pasta y la pizza.

En mi viaje anual este año he querido recorrer un poco (4 días) el norte, estando en Venecia, Bolonia y Florencia, ciudades de las que os hablaré.

Me alojé en Bolonia, hay vuelos directos Madrid – Bolonia con Ryanair y el hotel estaba genial (se llama Grand Hotel Elite) con desayuno buffet incluido, lo único que estaba algo alejado de la Estación de Tren y del centro. Desde el aeropuerto al hotel son 10€ aproximadamente en taxi, lo comento porque hay un autobús que te lleva por 6€ y según cuantas personas seais… os merece la pena el taxi. Para ir a Venecia y Florencia fuimos en tren, funciona muy bien y podéis encontrar bastantes ofertillas en la página de trenes italiana (http://www.italiatren.com), además Bolonia está más o menos cerca de ambas ciudades y el tren es de alta velocidad, con lo que es fácil ir en el día y dar una vuelta a cada ciudad.

Dicho esto, intentaré describir ciudad a ciudad aquéllo que creo merece la pena destacar.

Venecia

Entrar en tren en Venecia es ya todo un espectáculo: ver como el tren atraviesa el mar por el puente de la Libertad hasta la Estación de Santa Lucía para adentrarnos en una ciudad con una arquitectura propia, el estilo veneciano, donde parece que el tiempo ha quedado paralizado.

Desde la estación de Santa Lucía debemos cruzar el Gran Canal, por el Ponti Scalzi, y adentrarnos a los barrios de Santa Croce y San Polo. Dentro de esta pequeña isla que rodea el gran canal todo son callejuelas que terminan en los distintos canales, por lo que perderse es relativamente sencillo. Por suerte, o desgracia, la gran afluencia de turismo hace que todos acabemos yendo por los mismos callejones y, por si queda alguna duda, en distintos cruces hay carteles que marcan el Ponte Di Rialto o la Piazza San Marcos, las próximas paradas importantes. Callejeando entre sus pequeños rincones encontraremos la Scuola di San Giovanni Evangelista, la Chiesa Di San Giacomo Dall’orio y podemos hacer una parada a tomarnos un helado (de palo, no de cucurucho) que te hacen en el momento en Stickhouse Venecia (Calle dei Boteri, 1700, San Polo). Es importante que toméis el ticket de compra, pues es obligatorio por la policía fiscal de Venecia que los comercios proporcionen siempre el ticket.

Más tarde llegamos al Mercati Di Rialto, antiguo centro neurálgico y económico de la ciudad donde se comercializaba con mercancías de Oriente y Occidente y, hoy, una de las zonas más animadas. Al lado, por la Ruga Degli Orefici, llegamos al Ponte Di Rialto, primera construcción de piedra que cruzó el Gran Canal y, hasta hace relativamente poco tiempo, el único enlace entre ambas orillas; para mí, este puente es uno de los más bonitos y espectaculares que existen y su majestuosidad es increíble.

Una vez atravesado el Ponte Rialto, continuamos caminando hasta llegar a la Piazza San Marco: mires dónde mires alrededor de la plaza todo es belleza, la Basilica di San Marco (las colas para entrar a la basílica son bastante interminables, por lo que si tenéis tiempo e intención de verla os recomiendo llevar la entrada comprada por internet), la Torre Dell’Orologio, el campanario o Campanile (excepcionales vistas de Venecia y su laguna) y, el majestuoso Palacio Ducale, emblema de la República e imagen de los famosos carnavales de Venecia.

Adentrándonos hacia el muelle podemos ver la imagen o skyline de Venecia sobre el Canale Di San Marco y el  Puente de los Suspiros o Ponte dei Sospiri. Es curioso, la primera vez que fuí a esta ciudad me hablaban del Puente de los suspiros como algo romántico y, de hecho, me comentaron algo de una leyenda que decía que si te dabas un beso en lo alto del puente el amor duraría eternamente… sin embargo, lejos de tanto romanticismo, los suspiros de este puente son debidos a los de los prisioneros que, camino de la prisión, tras salir de los tribunales entreveían la laguna por última vez. Siempre está abarrotado de gente y si vais al puente estaréis en él pero no lo veréis, para poder admirarlo os sugiero tomar la calle trasera de la Basílica de San Marco hasta el Campo SS. Filippo e Giacomo y, al atravesar el Rio di Palazzo podréis tener una bonita vista (y foto) del puente. Y ya que estamos, en esta plaza está la Conca D’Oro, un sitio para comer auténtica comida veneciana que me recomendaron y que, he de decir, me gustó bastante (alrededor de 35€ por persona). Cerca, tomando desde aquí la Salizada San Provolo, hay una pequeña trattoria, Trattoria a la Rivetta, que me recomendaron también.

Tener en cuenta que en Italia normalmente el cubierto no está incluido en el menú, por lo que es normal que cobren éste aparte en la cuenta final (suelen ser entre 1 y 2€ por persona).

Para volver, yo tome el vaporetto en el muelle San Zaccaria, de tal forma que fuimos rodeando la isla camino de vuelta a la Estación de Tren y obteniendo una imagen distinta. El vaporetto cuesta alrededor de 7,5€. Si tenéis intención de subir en góndola, solo conocer que los precios son más o menos fijos y suelen ser unos 85€ por 35 min, aproximadamente.

Bolonia

La realidad es que no esperaba encontrarme gran cosa en Bolonia, salvo la universidad, la salsa boloñesa y poco más y, sin embargo, descubrí una ciudad que merece la pena visitar. Comenzando con la Estación Central de Bolonia, una de las estaciones más importantes de la ciudad cuyo edificio principal conserva su arquitectura original. En Agosto de 1980, hubo un atentado fascista que se cobró la muerte de un número importante de viajeros y destruyó parte de la estación que hoy ocupa la principal sala de espera; allí, en el lugar exacto dónde estaban los explosivos existe un mural que recuerda, nombre y edad, a todas las víctimas; fuera, en la fachada exterior de dicha sala, uno de los relojes de la estación quedó parado pero intacto y, a día de hoy, mantienen el reloj con la hora exacta que marcaba en el momento del atentado.

Rodeando el casco antiguo de la ciudad, encontraremos numerosas puertas que aún permanecen de la antigua muralla que constituía la ciudad de Bolonia. Alguna de ellas puerta de entrada principal a la ciudad, como la Porta San Felice que, en tiempos del imperio romano, era la entrada desde Milán a la ciudad.

Si nos adentramos por la Vía S. Felice y Via Ugo Bassi, llegamos a la Piazza Maggiore de Bolonia, una de las plazas más bonitas y con más vida que he conocido. En ella, está la Piazza del Nettuno y Fontana del Nettuno, caracterizada por ser una de las esculturas antiguas que aluden claramente a símbolos eróticos (buscar por internet, yo me la encontré en obras y tapada con andamios…) y también nos encontramos con la biblioteca Salaborsa, cuyo exterior es un auténtico homenaje a los ciudadanos boloñeses que han fallecido en las distintas guerras y atentados. En esta plaza también se encuentra el Palazzo Re Enzo y en él, en una especie de soportal, hay un bar para tomar algo que está bastante bien y dónde te ponen un aperitivo (The scrub creo que se llama).

Por la Via Rizzoli llegamos a uno de los símbolos de esta ciudad: Las 2 torres. Y es que llama la atención la conservación de 2 torres de más de 900 años de antigüedad y cerca de los 100 m de altura; si no me equivoco, la torre Asinelli es la más alta con 98 m de altura se llama así por la familia que la construyó cerca del año 1100. La otra torre, la torre Garisenda, es algo más baja.

En la plaza Maggiore sale un autobús turístico que, por unos 10€, te enseña toda la ciudad y te cuentan esta y más historias, como por ejemplo que hace tiempo Bolonia estaba llena de canales que atravesaban la ciudad, siendo la Porta Lame el puerto (literalmente) de la ciudad. Creo que merece la pena.

Desde la plaza, por la via degli Orefici y Vía Caprarie, tenemos multitud de callejuelas y rincones con restaurantes, locales para picotear, bares de copas, etc. Si hace buen tiempo, las calles se llenan de terrazas y gente disfrutando de un pincho, una copa o una buena cena al más puro estilo universitario que estamos acostumbrados a ver. Allí, yo cené muy bien y con un trato muy bueno en  Tamburini (Vía Caprarie, 1), aconsejable totalmente probar el jamón (prosciutto) en este lugar.

Nos adentramos un poco más a la zona de la universidad, por la calle Maggiore, y nos encontramos con la Corte Isolani, un antiguo palacio convertido en centro comercial pero conservando perfectamente su arquitectura. Dentro de él tenemos el restaurante La Capriata o La Corte Di Baco para poder comer y cenar a un precio bastante asequible. Una vez en el barrio universitario veremos que volvemos al siglo XIX por sus calles, sus edificios y, sobre todo, por los grandes pórticos que rodean la ciudad y este barrio.

Desde aquí, por la Via dell’Indipendenza, llegaríamos al Parque della Montagnola y la Plaza del XX de Septiembre y la Estación Central. En este camino, os aconsejo la Trattoria da Pietro (Via del Falegnami, 18/a) dónde, a resguardo de la lluvia, nos sentamos a comer y nos sorprendió con una carne exquisita (fiorentina, creo recordar) y una comida buenísima (eso sí, aproximadamente 40€/persona).

Florencia

He de decir que, ante todas las opiniones que me advertían de la belleza de esta ciudad, pensé que me iba a defraudar. Sin embargo, cuando salimos de la estación de Santa Maria Novella me encontré una ciudad increíblemente hermosa, empezando por la iglesia del mismo nombre: Santa Maria Novella.

Desde allí, y si vais a estar un día como estuve yo, os aconsejo ir hacia Lungarno Corsini a la orilla del Río Arno  y recorrer la rivera del río hasta el Ponte Vecchio. Este puente, sin lugar a dudas, es uno de los puentes que más me ha impresionado y gustado. En algún sitio leí que el puente, en sus orígenes, albergaba carnicerías y Cosimo I de Medici, cansado del mal olor que originaba este negocio, prohibió los puestos de carne en el puente sustituyendolos por joyerías y orfebrerías, comercios que hoy día recorren todo el puente. Atravesando el puente, y otra vez caminando a orillas del río, subir a la Piazzale Michelangelo donde las vistas de toda la ciudad son espectaculares. Aquí me comí el helado más bueno que recuerdo haber probado, su sabor era playssimo (desconozco que llevaba) y os aseguro que me encantó. La ventaja de hacer este recorrido al inicio del día es que desde aquí vamos al centro de la ciudad, estando más cerca de la estación para poder tomar el tren sin problemas.

Nosotros cruzamos por el Ponte alle Grazie, parando a comer en la Trattoria Icche c’e c’e (Vía Magalotti, 11 r), auténtico menú casero por un precio bastante asequible (unos 15€/persona) y un trato espectacular. Sin duda, uno de los mejores sitios dónde he comido.

Desde aquí, en menos de 10 min estamos en la Piazza Del Duomo donde… cualquier cosa que os cuente se quedará escaso: sencillamente increíble. A pocos metros, desde la Piazza della Signora, atravesar la galería de los Uffizi o Galleria degli Uffizi, que es un auténtico museo de esculturas al aire libre que os dejarán con la boca abierta.

Y callejear, Florencia tiene belleza en cada rincón que inunda sus calles, en cada iglesia, en cada plaza: la Piazza della Repubblica, con su carrusel y la entrada a la Via del Corso, el Palazzo dell’arte D. Lana, comprado por el gremio del arte de la lana, cuyo papel era fundamental en la vida política de la ciudad; o el Mercato del Porcellino, mercado tradicional dentro de soportales en el mismo centro de florencia caracterizado por el Porcellino o Jabalí de bronce que alberga en el centro del mismo.

Para finalizar, y teniendo en cuenta que el italiano es muy parecido al español y que no tendréis excesivos problemas en comunicaros, si decidís parlare un po’ di italiano no olvidéis gesticular cuando habléis, pues es parte de la esencia de este idioma.

NUEVA YORK

Una de las ciudades más espectaculares del mundo se alza mediante sus rascacielos como símbolo de su país, se conoce por el gran “pulmón verde” que alberga y que, escondidos, tiene “pulmoncitos” verdes a lo largo y ancho de toda la ciudad algo menos conocidos; por la estatua de la libertad símbolo del que llamaban el “sueño americano”.

La ciudad dónde puedes comer todos los perritos diarios que tu estómago pueda aguantar, dónde puedes disfrutar de calles y calles llenas de teatro y espectáculos, donde una gran iglesia se convierte de pronto en un mercado de moda de diseño, donde puedes sumergirte en uno de los centros financieros más importantes del mundo y, todo esto, visualizarlo como en una película al otro lado del río.

Nueva York… esa ciudad que sin conocerla conocemos todos por medio de miles de series y películas: sus taxis amarillos, tiffany’s y desayuno con diamantes, friends, sexo en nueva york… tantas y tantas imágenes que cuando llegas crees que has vivido allí años. Así me sentí yo.

En una ciudad tan grande y majestuosa que cualquier cosa que pueda contar será poco pero significativo para llamar la atención de aquéllos que aún no se le haya despertado.

Lower Manhattan

Realmente no me centraré sólo en el bajo Manhattan, sino que engloba en él barrios tan significativos como Chelsea, Tribeca, Nolita, Chinatown o Little Italy, entre otros.

Nolita es un barrio al norte de Little Italy y su nombre, precisamente, significa eso: NOrth of Little ITaly. Un sitio especial en este barrio es McNally Jackson (52 Prince St), una cafetería – librería original, divertida y estupenda para hacer un alto en mitad de nuestra visita. En Little Italy lo más característicos son las bocas de agua, cuya decoración no te dejará lugar a dudas de que estás en una pequeña parte de Italia.

El Soho es, quizás, uno de los barrios más conocidos de NYC y significa SOuth of HOuston. Este barrio, puramente industrial en sus orígenes, se empezó a remodelar (a mitad de siglo aproximadamente) convirtiendo sus edificios en lofts donde muchos de los artistas de la zona se comenzaron a instalar debido a las bajas rentas. Así, es un barrio de moda, bares de todos los estilos y mucho arte. Sin embargo, la gran fama del barrio obligó a que dichos artistas ya no se lo pudieran permitir mudándose hacia Tribeca que, siguiendo con la forma habitual de nombrar los barrios en esta ciudad, significa TRiangle BElow CAnal (es decir, triángulo por debajo del canal street… donde se encuentra). Actualmente, y siguiendo la misma suerte que el Soho, Tribeca se ha convertido en un barrio residencial donde viven famosos como Meryl Streep o Robert de Niro, este último gran impulsor de la fama que ahora alberga el barrio.

Otro punto importante de esta zona de NYC es el Battery Park, donde se encuentra el embarcadero para tomar el ferry de visita a la Estatua de la Libertad y Ellis Island (la isla donde, a principios de siglo, llegaban los inmigrantes en barco y servía de aduana para entrar en la ciudad). Desconozco el precio del ferry, entrada a la estatua, etc., creo haber leído que está entorno a los 30$ pero si lo que queréis es una increible vista y foto, yo os aconsejo coger el ferry a Staten Island, que también se toma en Battery Park, y que es gratuito. Desde él se pasa al lado de ambos lugares, pudiendo tomar de las mejores fotos.

Y sin dejar el bajo Manhattan, hemos de pararnos en el centro financiero de éste. Aquí tenemos la famosa Wall Street y su conocido toro, sus majestuosos edificios te resultaran enormemente familiares. Cerquita de Wall Street se encuentra el World Trade Center y frente a este St. Paul’s Chapel dónde el 11 de septiembre de 2001 se iban agrupando víctimas y ayudantes que acudían desde el atentado. La iglesia es sobrecogedora y en el nuevo World Trade Center (cuando yo fuí estaba parte en obras y parte recién inaugurado) tenéis el 9/11 Memorial  que, creo, es fundamental ver.

Midtown Manhattan

Vamos a ir acercándonos al centro de la ciudad y llegamos a Midtown Manhattan donde, entre otros, tenemos la maravillosa Grand Central Terminal (89 E 42nd St) escenario de tantas y tantas películas (me viene ahora Los Intocables de Eliot Ness, por ejemplo) que os dejará con la boca abierta. Cerquita tenemos Bryant Park, donde muchos neoyorquinos aprovechan a comer un sandwich en su descanso para la comida de los días laborables y dónde, os lo aconsejo, podéis aprovechar comprar un sándwich y un refresco y mimetizaros con esta costumbre pues, además que cuando lo veais pensaréis que el parque os resulta familiar, creo que tiene bastante encanto.

Desde aquí podemos tomar W42nd street, si la continuamos recto llegaremos al Madame Tussauds (cuando yo fuí Morgan Freeman estaba a la entrada… jijiji) uno de los museos de cera más famosos del mundo; si nos desviamos por la 7th Av llegamos al alucinante, increible y fantastico Times Square. Aquí, en Times Square, todo a su alrededor nos encantará: la tienda de M&Ms, la tienda Disney, la torre de las campanadas de fin de año, su famosa escalinata, cámaras que nos graban, etc… el mayor despliegue de luces que haya visto jamás. Bajo su famosa escalinata existen taquillas para entradas a los musicales con descuentos bastante importantes, eso sí, son para el mísmo día que las compras; mi consejo (y lo que yo hice) es que vayáis (según queráis la sesión de la mañana o la tarde tendréis que ir a las 10 am o 15 pm respectivamente) sed puntuales, pues suele haber cola pero suele ir rápido; elegir aquéllas funciones que más os llaman la atención y directos al teatro!! Los descuentos suelen ser entre un 30-50% y la verdad es que creo que merece la pena. Cuando salgamos del teatro (o cuando queráis… claro…) podemos ir a cenar al Hard Rock Café por excelencia dónde se encuentran objetos de grandes como Paul McCartney, Courtney Love o Kurt Cobain (1501 Broadway) o, un sitio que a mí me encantó, impresionó y que siempre recomendaré: Ellen’s Stardust (1650 Broadway).

Quedémonos en esta zona para hablar de 2 clásicos de Nueva York:

  1. Subirnos la 5th Av, esa avenida de grandes lujos y sitios tan emblemáticos como Tiffany’s, sólo verla y recorrerla merece la pena. A mitad de la misma, aproximadamente, está St Patrick’s Cathedral, en la que al entrar os encontraréis un gran museo de la moda y, al final de la misma (llegando ya a Central Park), encontramos FAO Schwarz (donde está el famoso piano de la película Big) y el cubo de Apple que sirve como entrada a su tienda totalmente subterránea.
  2. Empire State (350 5th Ave), donde aseguran están las mejores vistas de la ciudad. A mí me aconsejaron otro plan y yo os diré que considero es muy bueno, y es subir al Top on the Rock (en el Rockefeller Center) ¿porque? pues bien, además que creo es algo más barato, tiene una ventaja para mí fundamental: Desde el Top on the Rock podemos ver y admirar el Empire State! El Top on the Rock cuesta cerca de los 55$.

Aquí podéis admirar, ver y contemplar otros lugares muy conocidos como el Radio City Music Hall, tomar un café en el famoso Magnolia Bakery de “Sexo en Nueva York” (Rockefeller Center,1240 Ave of the Americas) y, subiendo por la Avenida de las Américas llegamos al MoMa o Museo de Arte Moderno (E 53rd St). Si vais al MoMa os aconsejo ir un viernes por la tarde (de 16 a 20h, creo recordar) dónde, salvo que haya cambiado algo, la entrada es gratuita.

Y no puedo irme de esta zona sin hablar del maravilloso Madison Square Garden (Madison Ave), centro de numerosos conciertos y motivo principal de mi visita a Nueva York. Y es que mi ilusión de ir a esta ciudad, como buena aficionada al baloncesto, era poder ver un partido de los New York Knicks; me comentaron que si iba con 2 o 3 días de antelación podría comprar mis entradas allí pero NOOOO!! El primer día que llegué fui a comprar mi entrada y el taquillero me repitió hasta la saciedad (gracias a que no paré de decirle que no me estaba entendiendo) que no había entradas. Conclusión: Volví sin ver a los Knicks, pero entre en tan majestuoso estadio y tengo una excusa enorme para volver.

Upper Manhattan o Manhattan

Nos encontramos con Central Park, un parque de 4 km de largo por 1 km de ancho (aproximadamente) dónde es imprescindible dedicar al menos una mañana o un día completo. Lo podéis recorrer en bicicleta, en las famosas carrozas o andando. Yo lo hice andando porque creo que es más fácil llegar a todos sus rincones y, os lo aseguro, la caminata merece la pena. Desde poder sentirte como Alicia en el país de las maravillas, ver el famoso monumento a la muerte de John Lennon frente al hotel donde fue asesinado, a entrar (aunque sea hasta las taquillas) al zoo más famoso y, creo, el único que se encuentra dentro de un parque. Recorrer el parque, tomaros un perrito caliente en uno de sus puestos callejeros y admirarlo, simplemente.

Al lado derecho del parque tenemos el Guggenheim de NYC (1071 5th Ave). Al lado izquierdo el Museo de Ciencias Naturales (81 st con Central Park West). Ninguno de los dos tiene desperdicio.

Vamos a terminar en 2 puntos, pasado Central Park, que me parecieron bastante reseñables:

  1. La Universidad de Columbia (116 st) y el barrio de Morningside Heights que la alberga y dónde han estudiado presidentes norteamericanos como Franklin D. Roosevelt o Barack Obama.
  2. El barrio de Harlem, cuna de la lucha por los derechos de su pueblo de Martin Luther King o Malcolm X. Aquí podéis encontrar el Teatro Apollo (Dr. Martin Luther King Jr Blvd) con significativas placas a su entrada de grandes músicos de todos los tiempos como Aretha Franklin, Stevie Wonder o James Brown. Aquí, en Harlem, no os podéis perder una misa gospel; yo fuí a Canaan Baptist Church of Christ (132 West 116th Street) pero encontraréis, los domingos a eso de las 11h de la mañana, numerosas iglesias donde poder entrar.

Y por supuesto, es imprescindible en algún momento de vuestro viaje cruzar el puente de Brooklyn y poder admirar, al otro lado del mismo, el skyline de la ciudad. A este lado del puente está la pizzeria Grimaldi’s (1 Front St,Brooklyn, NY) la cual a mi me recomendaron pero no pude cenar allí, las colas son interminables por lo que sugiero que intentéis reservar con anterioridad.

Para moveros por la ciudad yo os recomiendo el metro y comprar la MetroCard que, por 31$ os da acceso ilimitado al metro. Está sucio, hay ratas y todas las leyendas son ciertas (bueno, no sé si la de los cocodrilos de las alcantarillas lo será… jejeje), pero creo que no es tan alarmante y en una ciudad tan inmensa es, sin duda, la mejor forma de volver al hotel.

Y digo volver al hotel porque, a pesar del cansancio, Nueva York es andar, andar y andar, descubrir cada uno de sus barrios y rincones, admirarla y llevarnos nuestra propia impresión. A mí me faltan muchos por relatar y muchos, seguro, por conocer.

Cada persona y cada viaje creo que, sin duda, aportará un punto de vista totalmente distinto de esta ciudad.

VIENA

Hace un tiempo, cuando las fotos se tomaban con carrete y no podías borrarlas a tu antojo, pude ahorrar lo suficiente como para hacer mi primer viaje por Europa. Tenía unos 22 años y ese viaje fué un combinado Praga + Viena.

De Praga ya he hablado largo y tendido (aunque me ha hecho falta otra visita) pero Viena me faltaba, y creyendo recordar que ya os había contado algo al respecto… me he dado cuenta que no! así que aquí os muestro las fotos que he podido escanear y os relato aquéllo que recuerdo (me perdonaréis, han pasado algunos años…).

Mi primer consejo para Viena es el tranvía. Hay un tranvía, el burgring creo que es (línea 1 y 2 si no ha cambiado en estos años) que hace como un anillo alrededor de lo más céntrico de la ciudad. Yo os recomiendo hacer un primer viaje aquí para tener una panorámica de la ciudad, aunque os recorráis todo el anillo, esto os permite situaros de cara a moveros después. No recuerdo que la ciudad fuera especialmente difícil, pero sí que había algunas cosas un poco dispersas, así que el tranvía os puede ayudar a localizar que queréis ver y a moveros posteriormente por la ciudad. Supongo que seguirán existiendo las tarjetas de transporte, yo tomé una de 72 h mediante la cuál podías utilizar todos los autobuses, metro y tranvía sin límite durante ese tiempo: Totalmente aconsejable.

Puestos ya en materia y con la primera panorámica en nuestras retinas, hay 2 palacios que, bajo mi punto de vista, son indispensables en Viena:

  • Palacio de Shönhbrunn: Residencia veraniega de los Habsburgo desde que así lo decidiera la infanta Maria Teresa y hasta el fin de la monarquía en 1918, o como yo la conocí y para los amantes de esta historia… la casa de campo de Francisco José y Sissi emperatriz. El palacio es majestuoso dentro del aspecto de casa de campo, por lo que contrasta muchísimo con la arquitectura imperial que invade el resto de la ciudad. Además, sus jardines te envuelven en una atmósfera de ensueño. Dentro del palacio (yo entré, por supuesto, no podía perderme la casa de campo de Sissí) están todas las dependencias de la emperatriz y la familia real, recuerdos, fotos e historias que definen la época del imperio Austrohúngaro. Para llegar, yo fuí en una excursión planificada pero creo que en metro (línea U4 si no recuerdo mal) también se puede llegar.
  • Palacio del Belvedere: (Prinz-Eugen-Strasse 27) Belvedere significa “bella vista” y, resumiendo mucho, eso es lo más maravilloso que encontraréis en este Palacio. Fué construido como residencia de verano del príncipe Eugenio de Saboya y se divide en el alto belvedere y el bajo belvedere, dos edificios (hoy convertidos en museo) entre los cuáles hay un jardín inmenso dividido en 3 niveles que muestran distintas alegorías. En el museo que hoy está en el Alto Belvedere se encuentra la famosa pintura de “El Beso” (Gustav Klimt). Respecto a su arquitectura, el alto belvedere es más imperial, lo cual contrasta con la línea arquitectónica quizás más clásica del bajo belvedere. Sin embargo, los jardines son espectaculares, y prueba de ello es que son llamados la pequeña Versailles ya que en su momento se pretendía construir unos jardines tan grandes y majestuosos como los jardines de Versailles. Como curiosidad… coronando estos jardines hay unas esfinges (alto Belvedere) y, según me contaron, dicen que si les tocas los pechos al menos a una de las esfinges vuelves a Viena! (bueno… aunque yo aún no he vuelto!).

Por supuesto, hay más monumentos y sitios a explorar que no debéis perderos en vuestro viaje a Viena, sólo que estos dos palacios para mí fueron los más espectaculares. Pero continuemos…

Palacio de Hofburg: (Michaelerplatz, 1) Está en el centro prácticamente y es enorme, típico palacio imperial, fué lugar de residencia de los Habsburgo durante más de 600 años. Por supuesto, entre sus habitantes estaban también Francisco José y Sissí y, de echo, dentro de este palacio hay 2 visitas interesantes: (1) El museo Sissí, dónde el audioguía explica detalles de la vida de la emperatriz para entenderla a ella y su época (o al menos intentarlo); (2) Los Apartamentos Imperiales, recorrido por estancias oficiales y privadas de los distintos habitantes del palacio, entre ellos Sissí y Francisco José.

La Ópera de Viena (Opernring, 2) quizás uno de los teatros de Ópera más importantes de Europa (si no el más importante), inaugurado en 1869 con la presentación de una obra de Mozart, y lugar emblemático para los amantes de esta música. Hay visitas guiadas y entradas a la ópera más o menos asequibles (bueno… igual las hay por 100€ como por 5€), lo malo de las entradas más baratas es que el espectáculo hay que verlo de pie. Cerca de la ópera, y también bastante importante, está el Albertina (Albertinaplatz 1) que domina el lado sur del palacio imperial y que alberga la mayor colección gráfica del mundo. Recuerdo que al lado del Albertina había un café muy chulo en una terraza con unas vistas espectaculares hacia la Ópera y el Albertina. No recuerdo exactamente si fue en el propio restaurante del Albertina, en la terraza del Hotel Sacher… pero aunque sólo sea tomar un cafetín por la zona y embriagaros de su encanto (también recuerdo que no era muy barato…).

El barrio judío de Viena me cautivó especialmente por sus constantes callejuelas, sus innumerables sinagogas y la sensación constante de perderte y dar vueltas sobre el mismo punto (creo que en algún lugar he leído que también se le conoce como el “triángulo de las bermudas de Viena”… jejeje). Es una pasada y, al menos cuando yo fuí y supongo que con los años habrá mejorado más, empezaba a despuntar por sus bares, discotecas, terrazas y restaurantes.

El Rathaus o ayuntamiento que significa, si el guía en su día no me engañó, “casa de ratas”. La realidad es que supongo que en otras épocas del año será un edificio normal, pero yo fui en Agosto y como en verano cierran la ópera tenían una pantalla gigante en la plaza del ayuntamiento. Alrededor había un montón de puestos con comida de todas las partes del mundo, por lo que estaba genial porque comprabas algo para cenar y te sentabas a ver la ópera, el ballet o lo que tocara esa noche… música clásica siempre, eso por descontado. Como en Viena casi todo cierra pronto, era una buena forma de cenar a una hora más española y hacer algo distinto la noche.

Hablando de cenar, no he mencionado ningún sitio “especial” para comer o cenar porque mis comidas fueron un bocadillo, sándwich o ensalada en cualquiera de los parques que tiene la ciudad, disfrutando de música de fondo mientras observaba el paisaje, los patos o simplemente… el silencio. Y es que si hay algo que llamó más mi atención en esta ciudad es la cantidad de Parques y jardines que hay. El que más recuerdo es el Stadtpark, que es dónde se encuentra la estatua de Johann Strauss (monumento dorado, se llama) pero encontraréis bastantes por el centro. Prometo que recuerdo un día dónde una orquesta tocaba música clásica en el parque mientras yo me comía una ensalada de atún… me acuerdo bien, porque ese momento fue mágico y no creo que lo olvide fácilmente.

Creo que lo más importante que recuerdo ya lo he contado todo… así que solo un último dato, algo que no sé hasta que punto es típico de visitar pero que yo visité y, sinceramente, me impactó bastante. Se trata del Museo del Crimen (Große Sperlgasse 24). Y eso que dicen que Viena es una de las ciudades más seguras del mundo, y lo creo cierto pero, sin embargo, la sensación tras ver este museo es que dentro de sus seguridad… cuando pasa algo es devastador: Ejecuciones, asesinos en serie, mesas de tortura… una historia de Viena que contrasta totalmente con Sissí, el imperio austrohúngaro y la majestuosidad de sus palacios pero que, al fin y al cabo, también es su historia.